El Funeral

El funeral de Alfredo fue multitudinario. 

Apenas se cabía en el pequeño tanatorio de El Grove. Nadie en el pueblo recordaba haber visto tantos coches imponentes con gente tan distinguida. Señoras enlutadas con gafas de sol muy oscuras, bolsos de marca enormes, y collares de perlas. Los caballeros llevaban todos trajes grises y corbatas negras de seda.

Desde luego el pequeño Alfrediño había prosperado mucho en los últimos años.

¿Quién lo hubiera dicho de aquel niño botarate del que, según su padre, no se podría hacer carrera? Sin embargo el maestro siempre pensó que aunque indisciplinado y alocado, era el chico más listo que jamás había conocido.  Aunque no le gustasen los estudios, tenía una facilidad natural para los números. Hacía operaciones mentalmente con más facilidad que el resto de sus compañeros con calculadora, y también tenía un don especial para los trapicheos. Intercambiaba cromos, canicas, tebeos y lo que surgiera, consiguiendo siempre   enredar a los demás para sacar tajada.

Recién cumplidos los 20 años, se fue a Pontevedra en busca de fortuna, y al poco, escribió a su madre contándole que con dos amigos, había montado un negocio de importación de cafés de Sudamérica.

Aunque provenía de una familia humilde de pescadores de la Ría de Arosa, gallegos nobles, trabajadores y buena gente, y él tenía una cultura muy escasa, gracias a su don de gentes y a su habilidad natural para los negocios, logró que prosperase todo aquello en lo que se embarcaba. Al café, le siguieron el tabaco, los vehículos usados, y hasta artículos de lujo con cuya importación y posterior venta, conseguía pingües beneficios a base de tejemanejes con los funcionarios de Aduanas.

Sabe Dios de qué manera, a base de su palabrería fácil y físico agraciado, consiguió encandilar a la hija de uno de los grandes empresarios turísticos de Pontevedra, a la que hizo creer que era un magnate de los negocios descendiente de una acaudalada familia de conserveros asturianos.

La boda se celebró en la Toja y a ella acudieron las personalidades más relevantes e influyentes no sólo de Galicia, sino de toda España.

En los círculos selectos, a los que accedió gracias a su matrimonio, se comentaba a sus espaldas su evidente falta de clase, pero ello no obstante le toleraban en sus reuniones, poniéndole incluso buena cara y riéndole los chistes, ya que en definitiva, aquel advenedizo, podía suministrarles cualquier tipo de mercancía o de sustancia, permitida o prohibida, sin hacer preguntas.

Alfredo no fue consciente del terreno pantanoso en el que se estaba metiendo hasta que ya fue demasiado tarde. Intentar hacer la competencia a los cárteles latinos de la droga, fue un error que le costó la vida.

Con apenas treinta años le hallaron muerto en el interior de su Ferrari último modelo, con un disparo en la cabeza y sus sesos desparramados por el interior del vehículo, tiñendo de rojo la tapicería de cuero blanco de los asientos.

A los dos años de su muerte, su viuda, que pasados los primeros meses de matrimonio y el enamoramiento inicial, ya se había percatado de que todo lo que rodeaba a su guapo marido era una farsa y un cúmulo interminable de embustes, rehízo felizmente su vida con un ingeniero de telecomunicaciones con el que tuvo cuatro hijos.

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5 thoughts

  1. Vaya historia más truculenta, aunque por esa zona no es nada raro o mejor dicho era.
    Es una comarca que da para muchas y bonitas historias. Será porqué la conozco y me encantó lo que descubrí, seguramente.
    Saludos.

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