La extraña enfermedad

En la pequeña ciudad de provincias donde vivía, tenía fama de ser una chica rara. Y no porque fuera antipática, ni rehuyera el saludo, no era eso, sino porque era una mujer solitaria. Vivía semi enclaustrada en un caserón frío de dos plantas, que parecía un museo, repleto de cuadros de antepasados, porcelanas de Sevres, cortinajes de terciopelo descoloridos por el paso del tiempo, y bargueños del siglo XVIII comidos por la carcoma. 

Nunca se le conocieron amigas, ni pretendientes. Hija única, de una familia de grandes terratenientes, vivía con su madre viuda y una tía solterona. Apenas salían de casa, excepto en verano, que iban a pasar unos días a Alicante. Allí, por supuesto no bajaban a la playa, pero al atardecer daban algún paseíto y se sentaban en el paseo a tomar una horchata. ¡Esa era su máxima distracción!

Pero por fin un invierno ambas, madre y tía, murieron, al parecer de un catarro mal curado. A nadie extrañó su defunción, eran muy mayores y aquel museo o mausoleo en el que vivían, era gélido.

Pobre chica, decía la gente, ahora se ha quedado totalmente sola en el mundo.  Pero para sorpresa de todos, un fin de semana que fue de compras a Madrid, conoció al empleado de una tienda de electrodomésticos, donde casualmente, entró a comprar una cafetera, y a los tres meses se casaron.

Casilda, así se llamaba la chica, rondaba los cuarenta y tantos, y la boda le sentó muy bien. Liberarse de las estrictas normas de una madre y una tía beatonas, para pasar a ser una señora casada la rejuveneció. A partir de entonces modernizó su aspecto. Se cortó y se tiñó el pelo, que ya empezaba a estar muy canoso, y renovó todo su vestuario. Sin ser guapa resultaba atractiva, y además, como había leído todos los libros de la biblioteca familiar, poseía una vasta cultura.

El marido dejó su empleo de Madrid, y se fue a vivir a la ciudad de su flamante esposa, para dedicarse a ser el administrador de sus bienes y hacienda.

Huelga decir que lo primero que hicieron fue reformar aquel enorme caserón, que con la intervención de una decoradora de interiores, quedó precioso.

Todo parecía sonreír a la feliz pareja, pero sin embargo, a los dos años de haberse casado, el marido enfermó. Comenzó a tener pérdidas de sangre. Le hicieron todo tipo de pruebas y analíticas sin dar con la causa que provocaba las hemorragias. Le ingresaron en observación, y tras unos cuantos días hospitalizado mejoró notablemente. No obstante los episodios de las hemorragias volvieron a repetirse a la semana de estar nuevamente en casa. Le ingresaron otra vez, y cesaron las pérdidas. Regresó a casa y recayó…

Su doctora, amiga mía de la infancia, me explicó un día cenando, que estas extrañas recaídas cuando le daban de alta y regresaba al hogar, resultaban incomprensibles.

  • Mira María -me dijo-, no puedo probar nada, pero empiezo a sospechar que algo raro está ocurriendo en esa casa. Lo hemos valorado los compañeros del equipo de medicina interna y no le hallamos explicación…

La animé a presentar una denuncia en comisaría. Conseguimos una orden de registro, y a los pocos días, con un equipo de la policía judicial, me personé en la vivienda del matrimonio.

Casilda estaba en la cocina preparando unas albóndigas. Mientras tanto, el marido veía la televisión recostado en un sofá. Su aspecto me impactó. Blanco, delgadísimo, y con unas ojeras azuladas debajo de unos profundos surcos, me pareció la viva estampa de la muerte. Tomamos muestras del guiso para llevarlo a analizar, y en el registro no apareció ninguna sustancia venenosa, pero en el costurero se encontraron infinidad de alfileres con las puntas cortadas.

La prueba del laboratorio fue decisiva. Entre la carne picada de las albóndigas, encontraron las puntas de los alfileres causantes de los desgarros internos, que hubieran llevado a aquel desgraciado a una muerte segura.

¿Y por qué? ¿Qué podía haberla inducido a intentar asesinar a su marido a los pocos años de haberse casado con él? ¿Tal vez era un maltratador? ¿Quizás descubrió que tan solo buscaba su dinero y su posición social, y eso la humilló hasta el extremo de querer matarlo?

Tras largos e ininterrumpidos interrogatorios, con una frialdad estremecedora una tarde confesó la verdad. Aquel hombre, jamás la había atraído lo más mínimo. Ni su aspecto físico, ni sus modales, ni su conversación, la agradaban en absoluto.

Al casarse con él, solo buscaba quitarse de encima el estigma de “solterona”. Una vez alcanzado el propósito, ¿para qué continuar con la farsa? ¿Qué necesidad tenía de soportar a un hombre que roncaba de forma estrepitosa, sorbía la sopa ruidosamente, y se pasaba el día pegado a la televisión viendo partidos de futbol con el volumen a tope? Le resultaba insoportable, y pensó que ya había cumplido su cometido. Era una señora casada, que es lo que ella quería… Ya no le necesitaba para nada. Al contrario, era un estorbo permanente.

Nunca quiso quedarse soltera, ni ser una divorciada… Pero con aquel hombre, tampoco quería seguir estando casada.

La solución la vio simple: ¡ser viuda era su estado civil ideal!

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2020 Gloria López de María Rodríguez

6 thoughts

  1. Hola Gloria, me ha parecido un buen relato por lo que cuentas y como lo cuentas, aunque para mi el final cuando das explicaciones del porque actúa la protagonista com lo hace, es demasiada explicación creo que durante la buena narrativa que estas demostrando ya debería quedar claro, yo le daría más vueltas a crear un final que te pille por sorpresa, porque el texto lo vale. Obviamente es mi opinión como lector, tampoco llevo mucho escribiendo para los demás, y colgando relatos en el blog. Así que como lector ávido, me gusta como escribes, y por ello espero que no dejes de hacerlo. Un Abrazo Gloría !!!

    • ¡Muchísimas gracias por tu comentario! Tienes razón, tal vez querer dar demasiadas explicaciones es atentar contra la imaginación del lector… ¡Absolutamente de acuerdo! Seguiremos leyéndonos y espero que sigas haciéndome recomendaciones positivas como esta.

  2. Por supuesto, Gloria, y espero lo mismo de ti, si pasas a leer mis relatos, que tu comentario me ayude a verme desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar, tener un punto de vista distinto, en ocasiones nos puede ayudar. Un placer leerte.

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